El bingo es un juego muy practicado a lo largo de la historia y ha habido grandes jugadores de bingo que han ganado grandes fortunas apostándolo todo a este juego.
Es sabido que el bingo es un juego de azar, no así el poker, que no solo tiene una cuota importante de azar, sino que también tiene mucho de habilidad.
María Rodríguez es una española que se hizo acreedora de uno de los botes progresivos más grandes de la historia de su sala de bingo local.
María es una jugadora asidua en su ciudad natal y jamás falta a su sábado de bingo, al que asiste con sus mejores amigas. Tienen incluso ideado un plan trimestral de transporte, en el que a cada una le toca pasar a buscar y luego dejar en sus respectivas casas a cada una de sus amigas.
La noche de su victoria, fue una noche como cualquier otra. Todo iba como siempre, aunque María se sentía particularmente afortunada esa noche. Fue por este motivo que decidió apostar en el bingo progresivo también. Esta noche, le tocaba a María llevar a sus amigas de regreso a sus respectivas casas.
Tras jugar algunos partidos sin ganar premios importantes, María marcó el último número faltante para reclamar el premio del Bingo Progresivo pero estaba tan emocionada que simplemente no era capaz de cantar bingo. Por eso golpeó con el codo a una de sus mejores amigas, quien se encargó de gritar a los cuatros vientos “Bingo!”.
María acababa de ganar 80 000 euros al completar su cartón esa noche, cartón que completó al recibir el numero 16, número que le faltaba. Lo más impresionante del asunto, es que según lo cuenta la ganadora, el 16 es su número de la suerte.
Está claro que María planea seguir jugando con sus amigas todos los sábados de su vida, como viene haciendo hace años. Solamente se perdieron de un sábado de bingo, y fue porque María invitó a sus dos amigas a un espectacular crucero por el mediterráneo. Ahora estas tres amigas siguen yendo a jugar al bingo… ¡pero en un auto descapotable!










